Ganar Le Mans

Hace aproximadamente un mes, en nuestra entrada del Blog titulada “Queremos volver a Le Mans” nos preguntábamos si ganaría Fernando Alonso con Toyota. Hablábamos del mal fario que la casa japonesa tenía con la cita anual del Pays de la Loire y ya sugeríamos que al talento tecnológico se sumaba este año un talento especial de pilotaje.

Fernando Alonso. El Maestro.
Fernando Alonso. El Maestro.

Decíamos también que Le Mans no son solo 24 horas de carrera sino de toda una semana entera viviendo la emoción que reina esos días en la ciudad francesa. Son la carrera, los entrenamientos y las sesiones de calificación en una competición donde salir en primera posición no importa pero tampoco molesta.

Nakajima fue quien logró la Pole para el Toyota número 8, pero algunos vimos una de las claves de la carrera en los últimos compases de la última sesión de clasificación del jueves. Faltaba sobre una hora para la media noche y finalmente se hacía la oscuridad en una latitud donde en esas fechas no existe noche total hasta las once, aproximadamente. Con Fernando al volante empezó a llover levemente. Ante esas condiciones adversas todos los equipos fueron metiendo sus coches a boxes: ya sería imposible mejorar los tiempo marcados, faltaba poco para terminar el día y no tenía sentido arriesgar chapa en la noche de Le Mans.

La lluvia comenzó a arreciar sobre las doce menos veinte. A esa hora Fernando ya corría solo en los algo más de 13 kilómetros del circuito. “Le viene bien para ir aprendiendo a correr bajo lluvia y de noche en Le Mans” dijeron los dos comentaristas de Eurosport. Error. Fernando no estaba aprendiendo. Fernando estaba simplemente repasando. Con la pista ya completamente empapada y con slicks veíamos como el Toyota encaraba una y otra vez las curvas Porsche, la de Mulsanne y las de Arnage tanto de frente como de lado. El campeón, el maestro, bailaba con el Toyota disfrutando de sus limites. Nadie lo había llevado a sus extremos en esta forma, nadie se había atrevido a hacerlo. En esos minutos estábamos disfrutando mediante la cámara on-board de pilotaje exótico, de un pilotaje que no es de este planeta, que no es de este mundo. Un pilotaje que solo Jacky Ickx, Pescarolo y Senna han sabido hacer en la historia. Fernando repasaba lo que sabía hacer y exploraba el más allá de una máquina extraordinaria, de un instrumento de precisión híbrido en un universo paralelo al que solo los elegidos tienen acceso.

El Toyota Hybrid #8 en la noche de Le Mans.
El Toyota Hybrid #8 en la noche de Le Mans.

El día de la carrera fue de dominio total de los Toyota. Hora a hora la cosa iba transcurriendo tranquila hasta que el Toyota número 7, ayudado por un error de Sebastian Buemi fue aumentando la distancia y el tiempo con el Toyota número 8. Sobre la una y media de la madrugada del domingo la diferencia de tiempo subía ya a aproximadamente dos minutos y medio entre dos coches idénticos en su desempeño y donde las órdenes de equipo eran inexistentes. En estas condiciones de igualdad, salvo incidente, dos minutos y medio empiezan a antojarse un mundo, una eternidad. A la una y media de la noche Fernando tomó otra vez el relevo del Toyota número 8. En la noche del Circuito de La Sarthe el asturiano haría historia. Un Fernando que ya sabía quien era quien y qué era qué en la carrera calibró el esfuerzo y se lanzó en busca de la remontada desde la primera curva. Imperial, recortaba dos segundos por vuelta al coche compañero de fábrica. Dos segundos ahora, dos en la siguiente vuelta, y otra y otra más, siempre con la precisión de un púlsar. Pilotaje exótico sin importar el tráfico encontrado. Pilotaje exótico sin concesiones ni miramientos. En la noche de Le Mans el piloto español redefine la carrera misma. Horas mas tarde, cuando Fernando se baja del coche la distancia es inferior a los 45 segundos. Los pilotos rivales saben ya en su fuero interior y con amarga impotencia que han perdido la carrera. Nakajima y Buemi vuelven a creer en si mismos y continúan el trabajo de Fernando y la labor de demolición mental a la que están sometiendo a Conway, Cobayashi y Pechito López.

El Toyota Hybrid #8 a poco de finalizar la carrera.
El Toyota Hybrid #8 a poco de finalizar la carrera.

A las 13:30 los capos de Toyota dicen basta. El equipo de Fernando, Buemi y Nakajima está en primera posición a más de minuto y medio sobre el segundo Toyota. Ya no tiene sentido seguir luchando durante la hora y media restante de carrera. Ya no es necesario seguir exprimiendo unas máquinas que lo han demostrado todo. La historia de La Carrera escribe un nuevo párrafo. Nunca olvidaremos lo que has hecho, Fernando.

Fernando Alonso, Buemi y Nakajima. Ganadores Le Mans 2018.
Fernando Alonso, Buemi y Nakajima. Ganadores Le Mans 2018.

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